Qué es el Paiva
El Instituto Benigno Paiva Irisarri es una obra social educativa salesiana que funciona en el medio rural, en el kilómetro 213 de la ruta 6, a trece kilómetros de Sarandí del Yí, en el departamento de Durazno. Es un hogar estudiantil: recibe gratuitamente a adolescentes del campo que necesitan un lugar donde vivir para poder cursar la educación media. Funciona desde 1968, con la misma finalidad con la que fue creado.
El Paiva nació de una donación. En 1968, Clotilde Pardo Santayana entregó a los salesianos el campo donde hoy funciona el instituto, cumpliendo una decisión que había tomado años antes junto a su esposo, Benigno Paiva Irisarri, que fue intendente de Montevideo en 1942. El matrimonio no tenía hijos y había resuelto darle a esas tierras una finalidad precisa: que fueran un instituto gratuito para los hijos de los trabajadores rurales que, por distancia o por dinero, no podían acceder a la educación media. Él murió en 1958 y no llegó a verlo. Ella sostuvo la decisión durante los diez años siguientes y firmó la donación.

Desde entonces el campo no ha sido solamente el lugar donde esto ocurre, sino una parte de la respuesta: la producción de la estancia sostiene buena parte del funcionamiento de la casa, y es al mismo tiempo el espacio donde los estudiantes aprenden los oficios rurales.
Por acá pasaron generaciones enteras de jóvenes del campo, y muchos siguen viniendo. Cada 1º de mayo, alumnos, exalumnos y colaboradores se encuentran en el Paiva para una jornada de misa, comida y juegos que reúne a toda la familia de la casa.
A quién está dirigido
Uruguay tiene una red de escuelas rurales que llega a casi cualquier rincón del país, y eso hace que terminar la escuela sea posible incluso para quien vive lejos de todo. Con la educación media no ocurre lo mismo: los liceos y las escuelas técnicas están principalmente en los pueblos y en las ciudades, de modo que para una familia que vive y trabaja en el campo el final de la escuela abre una pregunta difícil, que es cómo hace su hijo para seguir estudiando.
El Paiva es una de las respuestas posibles a esa pregunta. Los estudiantes viven aquí durante la semana y van todos los días a la UTU o al liceo de Sarandí del Yí en el ómnibus de la institución, de manera que la familia puede seguir trabajando en el campo mientras el hijo continúa su educación.
Ninguna familia paga por estar acá. Los costos se cubren entre el trabajo del campo y un convenio con INAU, que reconoce al Paiva como un proyecto de atención permanente en la modalidad de hogar estudiantil. Aun así, cada año llegan más pedidos de familias que los lugares que la casa puede ofrecer. Nuestros colaboradores son los que permiten acortar esa distancia.
Si bien existen otros hogares estudiantiles en el país, son pocos y las plazas no alcanzan frente a la cantidad de adolescentes que las necesitan. El diferencial de El Paiva es esta combinación: una residencia en el medio rural que reúne educación formal, formación para el trabajo y acompañamiento cotidiano, pensada para que un adolescente pueda estudiar manteniendo su identidad rural y arraigo.
Cómo educamos
La jornada tiene dos mitades. A la mañana los estudiantes van a clase en Sarandí del Yí; a la tarde, de vuelta en la casa, empieza la propuesta educativa propia del Paiva, que se organiza en áreas de trabajo por las que los grupos van rotando a lo largo del año. Cada área —el campo, la granja, la huerta, la carpintería, el mantenimiento de la casa, entre otras— tiene un educador a cargo. Allí los grupos mezclan edades de modo que los más grandes le enseñan a los más chicos y aprender a convivir termina siendo parte del aprendizaje.
Los jóvenes salen de Paiva conociendo varios oficios, y algunos hacen de eso su trabajo. Pero lo que la casa se propone enseñar es algo más concreto: llegar a horario, entender una orden de trabajo, cuidar una herramienta y dejarla en su lugar, hacerse cargo de lo que a uno le toca. Son hábitos que sirven para cualquier vida, no solamente para la del campo.
La tarde incluye además un tiempo de estudio acompañado por educadores, para que nadie quede solo frente a una materia que se le complica; la participación en proyectos educativos como Empresas Juveniles, Clubes de Ciencias, entre otros; y el trabajo del equipo técnico, que acompaña a cada estudiante en lo que va necesitando.

Somos parte del Uruguay Salesiano
Los salesianos son una congregación fundada por Don Bosco en Turín (Italia) en el siglo XIX, un sacerdote que se ocupó de los adolescentes que llegaban a la ciudad a trabajar sin tener quién los esperara, y que a partir de esa experiencia terminó formulando una manera de educar. La llamó sistema preventivo, y la idea de fondo es que a un adolescente se lo cuida mejor estando cerca que vigilándolo: construyendo un ambiente donde se sienta esperado y acompañado, más que un reglamento que lo corrija después. Don Bosco resumía el objetivo en una fórmula sencilla —formar honestos ciudadanos y buenos cristianos— y esa sigue siendo la orientación de nuestra casa.
En el país los salesianos tienen presencia desde 1876 y sostienen colegios, centros juveniles, parroquias, oratorios y obras sociales en seis departamentos. Eso quiere decir que detrás de esta casa hay una tradición de más de siglo y medio de trabajo con jóvenes y una estructura que la sostiene y que la excede.
