El Paiva se sostiene entre muchos: los salesianos, quienes trabajan y viven en la casa, las familias, los ex alumnos que siguen viniendo y quienes colaboran desde afuera para que un adolescente más pueda estudiar. Si querés ser parte, hay varias maneras.
Hay quienes colaboran con su tiempo y quienes lo hacen con lo que saben hacer. Las dos cosas hacen falta y las dos entran por la misma puerta.
Con tiempo: acompañar el horario de estudio, dar un taller, sumarse a una jornada de trabajo, dar una mano en los encuentros grandes de la casa.
Con un oficio o una profesión: un veterinario, un contador, un carpintero, alguien que arregla lo que se rompe, alguien que enseña algo que acá no se sabe. Esta misma página web existe porque alguien la hizo sin cobrar. Quien tiene un oficio muchas veces no se ofrece porque no imagina que su trabajo vale tanto como una donación, y vale igual o más.
Ninguna familia paga para que su hijo esté acá. La casa se sostiene con la producción del campo, en la que participan los estudiantes, y con el convenio con INAU. Lo que esos aportes no alcanzan a cubrir lo hace posible la gente que colabora con la institución.
Si querés podes hacer un aporte mensual o una donación única. Las donaciones a las obras sociales salesianas del Uruguay se canalizan a través de la Fundación Trampolín.
En una casa como esta, buena parte de lo que hace falta no es dinero: es una cosa concreta. Una herramienta que reemplace a la que se rompió, madera para la carpintería, alambre para un alambrado, libros para el horario de estudio, una heladera, un animal para la granja. Cada una de esas cosas, cuando llega, destraba algo que estaba esperando.
Estos aportes tienen además una particularidad para quien los hace: se ve exactamente adónde van. Quien dona una herramienta sabe que va a estar en la carpintería, en las manos de un gurí que está aprendiendo a usarla.
Si tenés algo para aportar, escribinos: muchas veces resulta útil algo que no se nos había ocurrido pedir. Y conviene escribirnos antes de traerlo, para asegurarnos de que podamos darle buen uso.
Algunas de las cosas más importantes que pasaron en el Paiva no empezaron con una donación sino con una alianza: una organización que aportó formación, equipamiento o un proyecto conjunto, y que sostuvo ese vínculo en el tiempo.
Una alianza no es solamente un aporte. Es un vínculo que se cuenta: las organizaciones que trabajan con el Paiva tienen lugar y visibilidad en lo que la casa comunica, porque mostrar lo que se hace junto a otros es parte de lo que ese vínculo produce.
Si una empresa o una organización quiere sumar algo —formación, equipamiento, un proyecto conjunto, apoyo sostenido—, conversemos.
Si conocés una familia del campo con un hijo que está terminando la escuela y no tiene un liceo cerca, contale que el Paiva existe. Cada año hay chiquilines que no llegan a inscribirse simplemente porque nadie les dijo que esta opción los espera.
Y si trabajás en un medio de comunicación y te parece que esta propuesta merece contarse, escribinos y ayudanos a ampliar nuestro alcance.
